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El No-Trabajo, desde quienes se quedaron al margen.

El No-Trabajo, se planteó hace tiempo, como la posibilidad de que el trabajo no constituyera una necesidad social sino, tal vez, “un impulso individual de creación, o de asumir desafíos intelectuales, o de participación”.  

La Sociedad del No-Trabajo, sería “radicalmente diferente de todas las conocidas, en la cual los seres humanos podrán dedicarse libremente a desarrollar todas sus potencialidades físicas y espirituales, y sus capacidades de disfrute individual y colectivo, en el corto lapso de la vida humana”. Ver “La utopía del No-Trabajo” de Sergio Aranda.

Ya son muy conocidos los pensamientos clásicos de la sociología que como en el caso de Anthony Giddens 1971 desarrollaron amplias teorías a la hora de tratar el trabajo como una instancia fundamental de la teoría de la sociedad.

También desde la sociología de la cultura, trabajos como los de la mexicana Vania Sallés sobre “El trabajo y el No-Trabajo, han venido planteando discursos más o menos teóricos sobre  quienes dejaron involuntariamente de trabajar y cómo afectaron los distintos procesos de restructuración productiva de la industria, las restricciones del mercado laboral, o el drama de quienes no pudieron acceder a un puesto de trabajo siendo empujados al desempleo.

L@s que ya no cuentan.

Pero no es de esto de lo que vamos a tratar en este artículo. Nosotros, a petición de la revista UTOPÍA,  y  dentro del monográfico año denominado “El virus de lo inhumano”, se nos pidió escribir y reflexionar sobre el No-Trabajo pero desde la perspectiva de los que ya no cuentan para el sistema, las y los que se quedaron definitivamente al margen. 

Los efectos de la pos pandemia, más allá del nivel sanitario, de los miles y miles de fallecidos y de los efectos económicos de tantos sectores tan castigados, muestran grandes debilidades en lo referente a las políticas laborales y sociales, así como a los mecanismos de solidaridad y de responsabilidad colectiva para evitar el drama del No-Trabajo.

Ese terrible efecto del virus de lo inhumano que sufre -tan severa e injustamente- esa población que se está quedando al margen y que es la más vulnerable. La sociedad del no-Trabajo. Y esas enormes brechas en la cobertura de protección social para los trabajadores, pese a la respuesta de un nuevo e insuficiente escudo social aprobado en ésta crisis (que no así en la de 2008 en la que se salvó a los bancos, autopistas y gran capital) hoy se convierten en un importante desafío para el mercado de trabajo en un contexto post-Covid.

Un “escudo social”, tan inédito como insuficiente, del gobierno de coalición.

Contrasta, y de qué manera, la prácticamente ausencia de medidas sociales puesta en marcha por el gobierno del PP en la crisis de 2008, que produjo muchos cierres, paro, suicidios y muertes, con las nuevas e importantes medidas sociales que aglutinadas bajo el paraguas llamado “Escudo Social” ha puesto en marcha el gobierno de coalición PSOE&UnidasPodemos.

Unas medidas, jamás antes vistas como la extraordinaria subida del SMI a 950€, los ERTEs, las moratorias antidesahucios, el IMV, las ayudas a l@s autónomos, la prohibición de los cortes de suministros a las personas vulnerables…

Medidas que, pese a su novedad y enormes cuantías, y pese al gran trabajo de la que para mí ha sido la mejor ministra de trabajo de la democracia, no han resultado suficientes y ha seguido dejando una terrible estela de precarización, desempleo y desesperación. Y justo es reconocer que en ocasiones ha sido por las piedras que ha puesto bajo las ruedas el mismo partido socialista, muy presionado por el sistema establecido.

Y también es justo constatar como hasta las ayudas solicitadas por Rajoy a la Unión Europea en 2012, fueron utilizadas como ayuda financiera para sanear el sistema bancario, mientras que en esta crisis pandémica, las ayudas europeas han sido destinadas a políticas sociales y ayudas a las empresas y trabajadores autónomos.

Evolución del paro, en las crisis económicas de 2008 y del Covid de 2020.

En 2008 la tasa de paro casi se duplicó en año y medio y al finalizar 2008 se situaba en el 13,79% pasando de los 1.773.200 parados de mediados del 2007, a los 3.206.800 y que, al finalizar 2009 ya ascendía al 18,66% con 4.335.000 y así sin parar hasta ese casi 27% de 2013 (más del 36% en Andalucía y del 50% entre la juventud) con aquella fatídica cifra de los 6.278.200 de desempleadas.

Según Adecco, con datos de finales de 2020, tenemos en España 527.900 personas paradas más que hace un año. El número de parados de larga duración –más de 2 años que buscan trabajo– era de 885.400 personas que suponen el 24% del total.  

Si según la OIT, el no-Trabajo o desempleo global, se incrementó en 22 millones durante la crisis de 2008-2009, a mediados de marzo, la misma organización hablaba de una «elevada» cifra estimada de desempleo global de 24,7 millones a causa del Covid-19, (aunque días más tarde otro portavoz dijo que la cifra final podría ser aún «mucho más elevada).

Y se espera que -a escala mundial- pueda haber hasta 35 millones más de trabajadores pobres que antes del pronóstico pre-Covid-19 para 2020.

Y los salarios cayendo como no lo hacían en 50 años.

Según el último  informe ya citado de Adecco, la pandemia del covid-19 ha impactado con fuerza en el mercado laboral. Además de los ERTEs, despidos y los cierres de empresas, la bajada de salarios ha golpeado tanto que ha mermado muchísimo la capacidad de compra de los y las trabajadoras.

Una precariedad que, si bien no es nueva, siempre se ha cebado en los jóvenes y en las mujeres y ahora así lo hace nuevamente hasta conformar esta neo sociedad del no-Trabajo.

¿Cuál es la solución?

Para solucionar mínimamente esta situación, miedo me da que sólo hablen los mercados o los políticos conservadores de este país. Porque lo que habrá que hacer es proteger a los trabajadores/as de los efectos tan perversos de ésta crisis, incrementando la protección para los empleos tradicionales, pero también habrá que tomar medidas para proteger mejor a quienes trabajan y/o quedaron en los márgenes.

Hablamos de trabajadores precarios del los sectores minoristas del turismo, viajes, pequeños comercios… y sobre todo de otros sectores tan afectados en forma como los autónomos, trabajadores por cuenta propia, dependientes en precario, trabajadores por horas, riders, taxistas, … y en general todos esos trabajadores mal pagados y que ni llegan a las ayudas de emergencia.

Y como no somos economistas, ni es nuestra misión dar más soluciones, creo que en un contexto de muerte y sufrimiento, en el que la desigualdad y la injusticia se nos presentan como inevitables, en un falso y capcioso determinismo histórico sobre el no-Trabajo, propongo que salvemos la esperanza y el buen humor, pero con el mazo dando. Quizá sea esa, nuestra mejor respuesta a la crisis.

Y con el mazo dando.

En el artículo anterior decíamos “Salvemos la esperanza, pero con el mazo dando”, porque no podemos olvidar que como decía nuestro querido amigo, Arcadi Oliveres, -qepd- “se pone muy poco el foco en la violencia estructural, que no permite que las personas tengan vidas dignas” https://latercautopia.com/arcadi-oliveres-estamos-en-manos-de-delincuentes/

Y yo, que me declaro  ‘arcadista’, también aprendí que hay maneras de descubrir que el mundo funciona injustamente y que el mundo es global y que todas las injusticias y las justicias están conectadas (…) El gasto militar mundial –decía- es 40 veces superior al dinero necesario para erradicar el hambre en el mundo”.

Para saber más:

https://kaosenlared.net/el-salario-medio-cae-un-31-en-2020-el-mayor-descenso-de-los-ultimos-50-anos/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=el-salario-medio-cae-un-31-en-2020-el-mayor-descenso-de-los-ultimos-50-anos

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