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CONTRA LA INVASION DE UCRANIA Y LO QUE HAY DETRAS

Manifestamos nuestra plena solidaridad con el pueblo de Ucrania; exigimos a las autoridades rusas que detengan inmediatamente sus ataques y acaben con la invasión de un Estado soberano; y apoyamos las medidas justas que tomen los gobiernos europeos para ayudar con eficacia a ponerle fin. Todo ello, sin perjuicio de recordar que es muy difícil que los conflictos se resuelvan mediante escaladas de violencia y sin ausencia de la mediación adecuada.

Tenemos la firme convicción de que la invasión rusa de Ucrania liderada por Putin no tiene justificación y que es moralmente condenable desde cualquier punto de vista. La consideramos un acto criminal porque es cruel, inhumano, contrario a todas las normas del derecho internacional, innecesario y de consecuencias y riesgos extraordinarios y graves, pues puede provocar una guerra mundial que acabaría con nuestra civilización.

Sin embargo, con la misma convicción y firmeza creemos que no se puede condenar este acto criminal sin contextualizarlo; olvidando acciones similares, por no decir idénticas, que se han realizado en el pasado o incluso en estos mismos días, por otros Estados; utilizando la mentira y la manipulación para combatir al contrario; o mientras se sigue haciendo negocios con el patrimonio de los oligarcas rusos.

No lo podemos callar: la acción criminal que está ocurriendo en Ucrania es gravísima pero no un hecho aislado. Estados Unidos y otras potencias han invadido y ocupado también Estados soberanos, declarando guerras ilegales en las que han muerto millones de personas; han promovido golpes de Estado contra gobiernos democráticos; han masacrado población civil en diversos países; han consentido y consienten la anexión de territorios por Marruecos o Israel, y la criminal guerra no declarada de este último país contra Palestina.

Casi todos los medios de comunicación occidentales se han convertido en un eficaz instrumento para despertar la solidaridad y difundir el justo clamor global contra el crimen del ejército ruso. Pero también es cierto que se está manipulando la información, que constantemente se vierten mentiras para hacer creer que la comisión de ese tipo de crímenes es solo de ahora y propio tan solo de una de las partes; incluso se ha impuesto la censura de los medios cuya información no cuadra con la oficial.

Condenamos también ese tipo de respuesta y nos oponemos a cualquier límite a la libertad de expresión, aunque sí exigimos rendición de cuentas y castigo a los medios, de cualquier parte, que difundan falsedades para confundir a la población e impedir que decida y actúe con libertad efectiva.

No aceptamos que Rusia ponga como excusa de la invasión los ataques del gobierno ucranio a la población rusófila de la Ucrania oriental, o las promesas de neutralidad de Ucrania o de no expansión de la OTAN hacia el este que no hayan sido cumplidas. Ni aun cuando fueran ciertas, no se puede justificar la invasión de un Estado soberano y el sufrimiento y la muerte, por su causa, de millones de personas.

Pero, dicho esto, condenamos también que los gobiernos occidentales hayan alentado y armado a milicias claramente totalitarias e incluso nazis en Ucrania y que hayan callado ante los desmanes allí ocurridos.

Denunciamos que la OTAN ha antepuesto los intereses estratégicos de Estados Unidos a la creación de condiciones proclives al entendimiento y la paz en Europa; y lamentamos que las autoridades europeas no hayan sido capaces de erigirse en un vector de diálogo y arbitrio que frene el afán imperial de las demás potencias.

Condenamos con toda nuestra fuerza y sin fisuras la acción criminal de Putin, pero tenemos la obligación de señalar que no es un acto aislado sino una expresión más del idioma de violencia, guerra, prepotencia e impunidad con que las grandes potencias se han acostumbrado a plantear los conflictos en los que se ven inmersas (casi siempre, por cierto, por una egoísta ambición neocolonial e imperialista).

Condenamos la invasión de Rusia como un acto criminal y creemos que sus responsables deben ser denunciados ante la Corte Penal Internacional cuya misión es juzgar a las personas acusadas de cometer crímenes de genocidio, guerra, agresión y lesa humanidad. Pero ¿cómo y con qué fuerza moral se puede llevar eso a cabo con Putin, si Estados Unidos no reconoce dicha Corte, precisamente porque sabe que algunos de sus máximos dirigentes han sido responsables de acciones tan abyectas como los que ahora se están cometiendo?

Nuestra radical condena de la invasión rusa de Ucrania va unida, finalmente, a un doble y urgente llamamiento.

  • En primer lugar, contra la ingenuidad de creer que nos encontramos ante un conflicto circunscrito al espacio ucranio-ruso. Se trata, en realidad, del primer episodio de una tensión de mucho mayor alcance y peligro entre Estados Unidos y China. La potencia oriental está decidida a poner fin a la era de Estados Unidos como “la nación indispensable y necesaria”, “ancla de la seguridad global” o “único poder” que domina el planeta.

Y Estados Unidos, por su parte, quiere debilitar a China generando en Ucrania una especie de nuevo Vietnam que acabe con el régimen de Putin como su principal aliado.

Nuestra posición es clara: no queremos la sustitución de un imperio por otro, sino que llamamos a luchar por un mundo multipolar, libre y comprometido con la práctica efectiva de la cultura de la paz y el desarme, la justicia y el buen gobierno.

  • En segundo lugar, llamamos a nuestros compatriotas y hermanas y hermanos de todo el mundo a ser conscientes de que es materialmente imposible que nuestra civilización sobreviva si nos seguimos gobernando por el totalitarismo, en cualquiera de sus formas, y por su otra cara, la avaricia y el afán de lucro.

Son esos dos monstruos los que obligan a multiplicar constantemente el armamento, incluido el nuclear, y a renunciar a las instancias de acuerdo, consenso y administración de justicia internacionales; los que concentran cada día más la riqueza y el poder y hacen caso omiso de las leyes del cuidado y la naturaleza, destruyendo así las relaciones humanas, el medio ambiente y el futuro de la vida en el planeta.

Grupo promotor y primeros firmantes:

Leonardo Boff- Juan Torres – Benjamín Forcano – Joaquín García Roca – Nidia Arrobo – Víctor Codina – Jaume Patuel – Argentina Méndez – Jonny Pereira – Timoteo Cruces- José Mª Castillo – Avelino Seco – Javier Melloni –Rafael Díaz Salazar – Javier Domínguez – Javier Elzo – Jerónimo Aguado – Conchi López – Luis Ángel Aguilar –

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