Gracias a Mons Argüello, la Iglesia española parece más “meretrix” que “casta”
Pues sí, desafortunadamente la ICAR española (Iglesia Católica Apostólica y Romana) ha pasado de ser “Casta et meretrix” como la definiera en el siglo IV Agustín de Hipona, uno de los grandes Padres de la Iglesia, a ser más prostituta -con perdón- que santa.
Para que no se me acuse de hereje o simplemente maleducado es bueno recordar que fue el citado Obispo y teólogo -San Agustín- quien utilizaba esta paradoja para hablar de la Iglesia de la que decía que era “Casta” porque ser la esposa fiel de Cristo, y “Meretriz”, por estar formada por seres humanos pecadores que constantemente necesitan conversión y perdón.

Aunque algunos han tratado de explicarla como un oxímoron (que no debe traducirse como «casta y meretriz», sino literalmente como «meretriz o prostituta casta») , hasta los Papas Francisco y Benedicto XVI han hecho referencia a esta expresión agustiniana (sin traducirla como “puta” o “prostituta” como nosotros hacemos) ¿Aclarado el subtítulo?
Hoy no hablamos de los vergonzantes casos de pederastia, solamente, ni de las transgresiones a un Evangelio al que dicen predicar, sino de la alarmante hipocresía de la mayor parte de la Jerarquía que -una vez más- entra en política y a favor de quienes menos quieren lo mejor para la mayoría de la gente.

Como dice mi amigo José Antonio Vázquez, “La crisis actual de la Iglesia católica no es coyuntural ni meramente moral: es estructural, teológica y espiritual. No estamos ante simples “errores” corregibles con buena voluntad, sino ante una forma histórica de Iglesia —clerical, patriarcal, autoritaria y aliada con el poder— que ha llegado a un grado de descrédito evangélico difícilmente reversible por las vías ordinarias”.
De las últimas cagadas episcopales, probablemente sea la del presidente de la Conferencia Episcopal Luís Argüello, la peor. Argüello, una vez más, entra en el debate político, solicitando bien una moción de censura, una moción de confianza o elecciones generales. Justo lo que pide las 2 ultraderechas de este país.
Lo dijimos en este mismo blog ya en junio pasado:
Argüello, como presidente de la CEE ¿se extralimita pidiendo elecciones?
El paso en falso dado por Monseñor Argüello, como así lo ha definido José Manuel Vidal https://www.religiondigital.org/rumores_de_angeles/paso-falso-argueello-lanza-iglesia_132_1436553.amp.html lanza a la Iglesia otra vez al barro político de la trinchera partidista.

Y esto ni es una casualidad, ni un accidente aislado sino –como siempre- la irreverente apuesta de la jerarquía de la Iglesia, siempre al lado de los grupos de derecha o ultraderecha, cuando a una gran parte de la ciudadanía –incluyendo la cristiana- le repugnaría ver a las ultraderechas gobernando en nuestro país o al xenófobo Sr Abascal de Vicepresidente del Gobierno.
Como decimos en el título de esta entrada, si el señor Argüello quiere participar en política, que se presente a las elecciones. Ya está bien de utilizar los púlpitos y los comunicados episcopales para hacer política. La imagen que da Argüello es nefasta para una gran parte de los ciudadanos que no quieren ver a derecha y ultraderecha gobernando en nuestro país, ni a Abascal de Vicepresidente del Gobierno.

Claro que el Sr Argüello, como ciudadano, puede manifestar su opinión, faltaría plus. Pero como máximo representante de la jerarquía española debería medir sus palabras, pues aunque sabemos que habla por la mayoría de un episcopado, más próximo al tardofranquismo español que a la democracia o la mismísima transición (¿Recuerdan a Ms Tarancón?), no todos los Obispos piensan igual (v.gr. el arzobispo de Tarragona Joan Planellas o el mismo obispo de Málaga.

Por cierto el amigo del que os hablé al principio, que fue fraile antes que cocinero, plantea en su último artículo que “entre la obediencia resignada (a esta desfasada iglesia clerical, patriarcal, autoritaria y aliada con el poder) y lo que él llama “el abandono silencioso” emerge una tercera vía, que lleva trabajando varios años pero que es tan antigua como actual. Es “el monacato laico”, entendido no como huida espiritualista, sino como protesta evangélica no violenta.
Y es que a estos «señoros de negro», que más que representarnos, nos avergüenzan, hay que decirles, también desde dentro, BASTA YA.
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